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martes, 10 de marzo de 2009

LA CONSTRUCCIÓN INDUSTRIALIZADA DE VIVIENDAS

La posibilidad y conveniencia de producir viviendas por métodos industrializados se ha venido planteando desde los orígenes mismos de la revolución industrial. A principios de los años 60, la introducción de nuevos procesos de elaboración entre la materia prima y el edificio construido constituyó el primer paso hacia la construcción industrializada[1]. La idea de poder construir viviendas de forma masiva mediante procedimientos similares a los que la industria utilizaba para la fabricación de otros productos, se convirtió en el ideal de una sociedad para la que se pronosticaban importantes cambios en todos los sectores económicos y culturales.
La industrialización tuvo su momento de máximo apogeo cuantitativo en la época de la reconstrucción de la segunda postguerra mundial y se mantuvo hasta el final de la década de los setenta, siendo los grandes paneles de hormigón el logotipo de estas formas de hacer y los sistemas cerrados la estructura organizativa más generalizada para responder a los grandes déficits que azotaban los parques de viviendas de Europa.[2]
Esta primera generación de la industrialización se caracterizó por la euforia de arquitectos y diseñadores con propuestas utópicas y por realizaciones con una contribución directa a la racionalización de la edificación, el aumento de rendimiento y la suplencia de la carencia de oficios.
Esta euforia vivida durante más de una década, tanto a nivel propositivo como constructivo fue dando paso al escepticismo. La rigidez de los sistemas, la escasa calidad de los resultados y la limitada repercusión en el precio final de mercado[3] hicieron que poco a poco se fueran desviando los focos de atención hacia otros derroteros.

[1] “En nuestro país existe un vacío en la aplicación de sistemas de prefabricación y de procedimientos industrializados; nuestras necesidades de postguerra y de crecimiento en el período de desarrollo fueron encarados mediante métodos y formas de hacer tradicionales. Estos procedimientos tradicionales no son exactamente tales, ya que en primer lugar no utilizan técnicas que puedan suponerse unidas a determinadas tradiciones constructivas y fundamentalmente porque existen aspectos, de mecanización, de dependencia tecnológica, de utilización de productos y semiproductos de financiación y gestión del propio proceso, qué alejan el proceso constructivo llamado tradicional de las forma de hacer que caracterizaban a las antiguas formaciones sociales.”
Salas, Julián. Alojamiento y tecnología: industrialización abierta? Madrid, Instituto Eduardo Torroja de la Construcción y del Cemento, 1981. -159 p
[2] Salas, Julián. Alojamiento y tecnología: industrialización abierta? Madrid, Instituto Eduardo Torroja de la Construcción y del Cemento, 1981. -159 p
[3] A pesar de los numerosos intentos de conseguir una mayor rentabilidad con métodos de prefabricación y racionalización, no se lograron ahorros significativos de costes frente a los métodos de construcción convencionales.
Krippner, Roland. “Construir con sistema (s) - ¿Aprender de los 60?” // Detail 2, 2003, pp.130-133.

LA INDUSTRIALIZACIÓN DE LA CONSTRUCCIÓN HOY

Hoy en día, la preocupación por la ecología ha vuelto a rescatar estas ideas haciendo que la construcción industrializada experimente un nuevo renacer. La industrialización vuelve a estar en boca de todos; exposiciones de construcción “en vivo” como la llevada a cabo por el MOMA en Nueva York[1], y la comercialización de viviendas “bajo catálogo” por parte de empresas multinacionales como Ikea[2] o Muji[3] hace que las utopías formuladas durante los 70 continúen estando presentes.
Al mismo tiempo, en la arquitectura existe una tendencia cada vez mayor a la prefabricación pero no se trata de una decisión, sino de un proceso lógico que nos lleva al uso creciente de componentes prefabricados. La producción ha experimentado un enorme cambio gracias a las tecnologías de diseño y fabricación asistidas por ordenador (CAD y CAN). Mientras que en épocas anteriores, el intento de reducir la variedad de elementos, para conseguir un mismo modelo de piezas, caracterizaba la planificación industrial, hoy día los sistemas informáticos facilitan la fabricación de series reducidas con multitud de formatos individuales y geometrías complejas.
Sin embargo, a pesar de los numerosos cambios económicos y el ineludible progreso tecnológico, la fabricación en serie no ha experimentado mejoras sustanciales. Las pequeñas y medianas empresas, solo parcialmente industrializadas, siguen dominando el sector de la construcción.
Para conseguir actualizar la construcción, en lo que se refiere a la productividad y calidad de producción, los arquitectos deberán volver a ocuparse del tema de la construcción industrializada y la prefabricación. Desde el principio de los años 90, los sistemas constructivos vuelven a atraer la atención de arquitectos e ingenieros, sobre todo en el sector de la construcción de metal ligero y madera, aunque también en el empleo de piezas prefabricadas de hormigón armado.
Fuera del sector industrial, los sistemas ganan aceptación en la construcción de bloques de viviendas colectiva. Considerando la necesidad de una construcción con un empleo responsable de los recursos naturales y el renacer de las discusiones sobre la flexibilidad de usos, se puede hablar de un nuevo y extenso campo de trabajo.[4]
En España se va consiguiendo, poco a poco, un cierto grado de industrialización en el ámbito de la construcción masiva de viviendas colectivas. No es raro encontrar en un mismo edificio soluciones tradicionales unidas a técnicas industrializadas con las que se consigue reducir tiempos y costes de producción.
Durante las últimas décadas la industria de la construcción ha ido progresando inexorablemente hacia la estandarización de los diferentes subsistemas constructivos (estructuras, cerramientos, particiones...). Para integrar los diversos subsistemas se recurre a sistemas abiertos, en los que se emplean indistintamente componentes de diversos fabricantes. Sin embargo, además de la estandarización de los subsistemas por separado, hace falta una concepción integral del diseño y la construcción, particularmente en el ámbito de la vivienda construida masivamente. A los sistemas de construcción abiertos deben corresponder sistemas espaciales y formales igualmente abiertos, que permitan la creación de viviendas flexibles, capaces de adaptarse fácilmente a los requisitos cambiantes de los distintos usuarios.
Sin embargo, en la situación actual del mercado de la vivienda, el proceso de industrialización se ve obstaculizado por diversos factores. El elevado coste del suelo en relación al coste general de la promoción reduce la proporción de la parte que realmente puede optimizarse, desde el punto de vista económico, mediante el empleo de procedimientos industrializados. En un mercado, como es el de la vivienda, en que casi todo se compra y además se revaloriza rápidamente, es difícil justificar inversiones económicas encaminadas a elevar el nivel de productividad y/o calidad.
Además, persiste aún la mala imagen de los antiguos sistemas prefabricados respecto a su calidad técnica y su apariencia estética. Por no hablar de la normativa técnica que está pensada para la construcción convencional, lo cual no hace más que añadir lastres al desarrollo de la construcción industrializada.

[1] Disponible en http://www.momahomedelivery.org/ [fecha de consulta: 2 de julio del 2008].
[2] Disponible en http://www.boklok.com/ [fecha de consulta: 2 de julio del 2008].
[3] Disponible en http://www.muji.net/ie/ [fecha de consulta: 2 de julio del 2008].
[4] Krippner, Roland. “Construir con sistema (s) - ¿Aprender de los 60?” // Detail 2, 2003, pp.130-133.